Sexpionaje.


El 7 de junio de 1963 La Voz de Galicia informó de la dimisión del ministro de la Guerra británico, John Profumo, el momento crucial de un escándalo que acabaría por conocerse con su apellido. Interpelado por el Parlamento, Profumo negó haber tenido una aventura con la joven modelo Christine Keeler, pero enseguida se demostró que mentía. Peor aún, Keeler mantenía relaciones con otros hombres, entre ellos Yevgeny Ivanov, agregado naval en la embajada soviética en Londres y sospechoso de espionaje. En plena guerra fría, que el ministro responsable de la defensa británica compartiese amante con un agente ruso, y que además mintiese sobre ello, era inadmisible. Profumo dimitió y Keeler fue condenada a cárcel por cargos de conspiración. Hasta su muerte el pasado día 4 de diciembrea los 75 años, ella era la última superviviente del escándalo.


El emigrante betanceiro José Luis Couceiro Vicos conoció personalmente a los principales implicados en la crisis.En 1959 había llegado al Reino Unido para trabajar en Hundridge Manor al servicio de lord Ednam, a tan solo cuatro millas de la mansión de su cuñado, lord Astor. Fue en esta última donde en 1961 Profumo conoció a Keeler gracias a la intermediación de un osteópata, Stephen Ward, cuyo ansia por ascender socialmente le hizo bisagra entre los mundos de alta alcurnia de los lores y la clase obrera donde reclutaba a chicas jóvenes para sus fiestas.



Couceiro la vio cuatro veces en Hundridge Manor. Parecía una escultura, recuerda. Tenía un porte, una elegancia, fuera de lo común.
En Hundridge Manor, José Luis Couceiro también conoció a Ward que trataba a Astor de reumatismo y el noble le había cedido un cottage en su finca, donde se había instalado Keeler: Profumo la vio nadando en la piscina y ahí empezó su relación.
Couceiro también atendió al cuarto implicado, Ivanov, quien acudió a cenar en Hundridge Manor con su uniforme de gala de la marina soviética. Así lo recuerda el emigrante, al igual que los larguísimos cigarrillos con filtro de tabaco cosechado en los Balcanes que el ruso repartió entre los asistentes.


Como tampoco se olvida del revuelo que se formó cuando se destapó la crisis y el asedio mediático a sus protagonistas. Ward, juzgado por proxenetismo, falleció durante las vistas por una sobredosis de somníferos, alimentando todo tipo de teorías conspirativas. Ivanov murió en 1994 y Profumo en el 2006 tras haberse retirado de la vida pública para centrarse en obras benéficas. Keeler, por su parte, arrastró toda su vida las sombras del escándalo. Le fue difícil mantener un trabajo y una estabilidad económica. Couceiro lo tiene claro: Fue una víctima del establishment británico, que no le perdonó una crisis que case derrumba a todo un gobierno.
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