sábado, 21 de abril de 2012

Licencia Renewed by John Gardner.

A continuación y en próximas días publicamos la traducción de la novela de John Gardner (1926-2007) Licence Renewed y publicada en español como Licencia renovada para matar de la editorial Lasser Press (México) en 1982.
La traducción "casera" está hecha por nosotros ( Los archivos de Strangways), ya que la edición en español, de momento, nos ha sido imposible conseguirla y nos imaginamos que también a una inmensa mayoría de aficionados a las novelas de 007. Pedimos perdón por anticipado por los errores que pudieramos cometer. 

Información sobre impresión:
Esta obra se terminó de imprimir en mes de agosto de 1982 en los talleres de Editorial Calypso, S.A., Oculistas 43, Col. Sifón, México 8, D.F.
Esta edición consta de 35.000 ejemplares más sobrantes para reposición.

Información de contracubierta:JAMES BOND
otra vez en escena en la novela de JOHN GARDNER
LICENCIA RENOVADA PARA MATAR
pasando desde luego a la lista de “best-sellers” del The New York Times Book Review.
El famosísimo agente conocido por todos y cuyas hazañas no tienen precedentes, aparece para enfrentarse una vez más a un mundo convulsionado en el que “alguien” debe encargarse de solucionar los inminentes problemas.
Terrorismo internacional, acción, violencia; dificultades que sólo la astucia y la osadía son capaces de vencer.
Con el más completo y sofisticado equipo, el protagonista recorrerá con el lector grandes distancias y lo llevará a conocer lugares y personajes inolvidables...
Una aventura plena de emoción y de suspenso, que una vez iniciada habrá de vivirse hasta el final.

En memoria de Ian Lancaster Fleming.
Agradecimientos:
 Me gustaría, sobre todo, dar las gracias al Consejo de Administración de Glidrose Publications Ltd, los propietarios de los derechos de autor del James Bond literario, por invitarme a realizar la tarea de continuar donde Ian Fleming lo dejó, y el transportar a 007 a la década de los 80. En particular, mi agradecimiento al Sr. Dennis Joss y el Sr. Peter Janson-Smith.
Nos hemos acostumbrado tanto a los aparatos increíbles que utiliza James Bond que me gustaría señalar a los incrédulos que todo el "hardware" utilizado por el Sr. Bond en esta historia es verdadera. Todo con lo que siempre le equipa la Sección Q, incluso las modificaciones del Saab, se puede obtener en cualquiera de los mercados abiertos o "clandestinos". Para obtener ayuda en la búsqueda de detalles acerca de ese equipo me siento especialmente en deuda con Sistemas de Comunicación S.A. de control y, más concretamente, a la deliciosa Sra. Jo Ann O'Neill y al temible Sidney.
En cuanto a las invenciones de Anton Murik, Laird de Murcaldy, sólo el tiempo dirá.
1981, John Gardner.

1. Pasajeros para el vuelo 154.
El hombre que entró en el baño del aeropuerto tenía el pelo claro, pulcramente cortado alrededor del cuello. Fornido y medía alrededor de cinco pies y tres pulgadas de estatura. Vestía pantalones vaqueros arrugados, una camiseta y zapatillas de deporte. Un observador entrenado habría tomado nota de los ojos penetrantes de color azul celeste, por encima de los cuales las delgadas cejas se arqueban tan largas que casi se tocaban por encima de la delgada nariz.
El rostro del hombre era delgado en comparación con su cuerpo y la tez oscura contrastaba con el color del cabello. Llevaba una pequeña maleta marrón y al entrar en el baño se dirigió hacia uno de los cubículos. Más allá un operario de limpieza estaba fregando el suelo de baldosas con una escobilla de goma sin mucho entusiasmo.
Una vez dentro, el hombre corrió el cerrojo y puso la maleta en el asiento del inodoro, la abrió y sacó un espejo para colgarlo en el gancho de la puerta antes de comenzar a despojarse de la ropa.
Antes de retirar la camiseta deslizó sus dedos expertos por debajo de la línea del cabello, por las sienes, quitandose la peluca y revelando por debajo su muy corto cabello natural.
Con un dedo y el pulgar agarró la esquina de la ceja izquierda y tiró, como una enfermera retirando un esparadrapo rápidamente de un corte. Las cejas delgadas desaparecieron junto con lo que parecía ser parte de la piel dejando a la vista sus cejas gruesas naturales en su lugar.
El hombre trabajaba como un profesional, con el cuidado y la velocidad como si estuviera a contrareloj. De la maleta sacó un corsé de tela, envolviéndolo alrededor de su cintura, tirando con fuerza del cordón y dando el efecto inmediato de adelgazamiento de la cintura y una sensación de más altura. En pocos segundos el efecto de esto último se había reforzado. Con cuidado dobló los pantalones vaqueros y la camiseta, se quitó los calcetines y los puso dentro de las zapatillas, se puso un nuevo par de color gris oscuro seguido de unos pantalones ligeros de buen corte de color gris carbón con zapatos negros a los que se le añadieron lo que los actores llaman "ascensores", la adición de unos dos centímetros a su estatura normal.
Ajustando el espejo en la puerta, se puso una camisa de seda blanca y se anudó una corbata gris perla. A continuación abrió una caja rectangular de plástico que había estado oculta en los zapatos, justo debajo del corsé, calcetines, pantalones y camisa en la maleta. La caja de plástico contenía los nuevos componentes para la cara del hombre. En primer lugar, las lentes de contacto oscuras y los fluidos para cambiar los distintivos ojos de color azul claro a un color mas profundo, casi azabache. A continuación se insertó unas almohadillas pequeñas de goma espuma en sus mejillas, para engordar la cara. Mientras estuvieran en su lugar él no sería capaz de comer o de beber, pero eso importaba poco en comparación con el logro del efecto deseado.
Lo siguiente fue una barba corta, hecha a la medida, y el bigote, realizada en pelo natural y unidos a un invisible marco adhesivo de látex. Genuinas cerdas que cuando se fijan correctamente en su lugar en la barbilla y el labio inferior daban la impresión de gran realismo, incluso a muy corta distancia. La barba se había hecho especialmente en Nueva York por un experto que dudosamente afirmó parentesco lejano con el famoso cantante wagneriano del siglo XIX Ludwig Leichner, el inventor del maquillaje teatral.
El hombre sonrió a la cara desconocida que ahora le miraba desde el espejo y completó la nueva imagen con unas gafas de montura de acero con cristales transparentes. Aparte del parentesco lejano con Leichner, la persona irreconocible que le estaba mirando desde el espejo era un artista experto en maquillaje y disfraz por derecho propio. Era parte de su repertorio Intrade, probablemente la parte menos letal. Él había estudiado con los mejores hombres y mujeres de Hollywood, además de ser casi una enciclopedia en el conocimiento personal que había seleccionado de todas las obras famosas, como la de Lacy SART de la actuación, la Guía de Anonymous Practical por "Haresfoot y Rouge ' y los otros libros de Leman Rede, С. Н. Fox, y el gran S. A. J. Fitzgerald.
Se puso la chaqueta que coincidia con los pantalones y se llenó los bolsillos con un surtido de artículos como billetera, pasaporte, documentos de viaje, un pañuelo, monedas y notas, y echó una última mirada a sí mismo en el espejo. A continuación, con mucho cuidado, se colocó un reloj digital de oro en su muñeca izquierda. Como punto final, de un bolsillo sacó una tapa que cuando se deslizó en su lugar sobre la maleta cambió la piel exterior pasando del color marrón a un negro brillante. Por último la cerró e hizo girar las cerraduras de seguridad numeradas.
Echando un vistazo final alrededor el hombre revisó sus bolsillos y salió del cubículo, totalmente irreconocible a la persona que había entrado. Caminó hacia la salida y luego hacia afuera a través de la explanada hacia el mostrador de facturación.
En el interior del lavabo el hombre que había estado limpiando el suelo de baldosas apoyó la escobilla de goma contra la pared y se fué. También se dirigió a través de la concurrencia pasando cerca del mostrador de facturación y llendo hacia una puerta marcada como privada, que abrió con una clave personal. Dentro de la pequeña habitación había una mesa, una silla y un teléfono.
Al mismo tiempo que el hombre con una cara nueva se disponía a subir a bordo del vuelo de Air Lingus IE 154 de Dublín a Londres, Heathrow, el empleado de la limpieza de aspecto insignificante hablaba rápidamente por teléfono. La hora era poco antes de las 8:45 a.m.


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